A menudo nos tropezamos en el camino con personas –muchas veces fugazmente– que aparecen en nuestras vidas sólo para dejarnos un mensaje. Seres que con palabras cargadas de sabiduría y sencillez nos permiten comprender nuestras fallas o nos confrontan con la búsqueda y realización de nuestros sueños y la obtención de la felicidad.No son encuentros gratuitos ni casuales, en ellos vemos claramente la presencia de Dios que con cada vocablo nos cuestiona amorosamente y, de esta manera, nos permite descubrir herramientas para diseñar un plan de vida. Así pues, son enseñanzas que impactan y dejan huella.
Al respecto, dos años atrás un día de esos que se siente que el mundo se viene encima, pase por el lado de un hombre y una mujer vestidos con ropa sucia y vieja, seres que llamamos en nuestro medio como “indigentes”, quienes era indudable trabajaban en la calle recogiendo cartones y chatarra que amontonaban en una carretilla. Personas que evidentemente no tienen las comodidades a los que tantos estamos acostumbrados.
Pero, ¿qué tiene de particular este encuentro? Al pasar por su lado escuché a la señora diciéndole a su compañero: “Gracias a Dios nunca nos ha faltado nada”. Pensé entonces en lo afortunado que soy al tener un techo, una familia amorosa, el alimento y el vestido de cada día, entre tantas cosas.
La anterior experiencia la cuento con frecuencia, porque es un bonito ejemplo de gratitud hacia Dios que me puso a meditar sobre la manera como nos entristecemos por situaciones –la mayoría de veces– que no son relevantes. Afortunadamente, nos encontramos en el camino a seres tan sabios, que incluso en su pobreza, le dan gracias a Dios por lo poco que tienen y me atrevo a escribir: son felices.
Experimentamos así en esos misteriosos encuentros una realidad: Dios nos habla a través de nuestros hermanos, nos ama demasiado y, sin duda, se vale de ellos para permitirnos crecer y ser mejores individuos.
Foto: Og
5 comentarios:
En mi primer viaje a Sao Paulo visitamos una noche a gente de la calle con una organización que trabajaba con ellos. Hablando con uno de ellos me preguntó si trabajaba en mi país, como vivía y cuanto ganaba. Yo le contesté con toda sinceridad y él me dijo algo así: me alegro muchísimo que vivas bien de tu trabajo, ojalá algún día todos tengamos esa oportunidad, pero yo estoy contento por tí.
Nunca lo olvidaré, así como a otras personas que he conocido, aunque sea sólo un instante, y me han aportado cosas tan importantes con su sabiduría.
Un abrazo
A mí me marcó un hombre que se había casado con una mujer rica, había estudiado la especialidad de odontología y había heredado la Clínica dental de su suegro, y me dijo: "Nunca haré nada de lo que me pueda sentir orgulloso porque la única motivación que obedezco es el miedo a defraudar a alguien. Sólo he hecho lo que esperan de mí toda mi vida."
Yo tenía 17 años y su desesperación, su vacío me hizo pensar que no quería jamás llegar a sentir eso.
Un abrazo, amigo M.A.O.
MAO, es indiscutible que hay personas que nos envían mensajes certeros y afilados como un bisturí para "trabajar" bien nuestros corazones.
Yo agradezco cada "operación" que dilata mi corazón y lo ensancha a otras realidades.
De todas maneras, MAO (que gracia me hace esto de MAO, parece que le estoy escribiendo a MAO el famoso comunista chino, que no creía "demeasiado" en Dios), me pregunto qué hacen las personas, que además de su desgracia, no tienen "herramientas" psicológicas o espirituales para defenderse.
Un misterio.
Un abrazo.
hmm, me he quedado meditando, en parte por lo que has escrito tú, en parte por lo escrito por Gatopardo, Cyránobix y Marcalop. Dicen en mi tierra que "es de bien nacido ser agradecido" pero también que "al atardecer de la vida nos examinarán en el amor". Para mi la capacidad de amar del ser humano es un misterio que no se explica fácilmente. Pienso que debe ser un chispazo de algo más grande... Y ¿qué es el agradecimiento sino amor?
Yo sólo pienso que Dios nos puso aquí el resto es nuestro, aunque debo admitir que no creo en las casualidades. Pero si le damos las gracias a Dios por todo lo que tenemos, entonces tambien podemos culparlo de todas las carencias y cosas que sufrimos, por estas cosas entonces puedo decir lo bueno es gracias a Dios y lo malo gracias a alguien más o mi mismo, y caería en el error. Creo que cada quien es responsable de sus triunfos y sus fracasos, no hay porque avergonzar a Dios con nuestras cosas, porque ya nos ha dado el regalo más grande la vida, el resto es de nosotros hasta que se nos vaya de las manos, en ese tiempo somos los unicos responsables.
Elva*
Publicar un comentario