
Soledad: Hoy es mi compañera y amiga en esta batalla.
Impresiones de destierro retumban en mi integridad y se prende un fuego en mi interior.
Pasan los meses, vivo los sinsabores de esta crueldad y me enmascaro en los dolores de este encierro.
Las armas de los hombres y mujeres que me rodean no me intimidan y mi apetito se transforma es un ansia de libertad: un lamento desgarrado que proviene del alma.
Es hoy o vivo en el ayer y en el mañana.
De todas maneras, me reconforta saber que existo.
Aunque hay circunstancias en las que el tiempo y su relación con el espacio no se prestan para pensar en la eternidad, sueño con regresar a mi hogar, amar intensamente a mi esposa, ser partícipe del crecimiento de mis hijos, abrazar a mis padres, salir de paseo con la libertad y, por supuesto, compartir mis contradicciones con los que amo.
Los días pasan.
Dios se introduce en mis flaquezas y recuerdo tambaleante las oraciones que repetía de niño.
Una fuerza interna me reanima.
Escucho ruidos atípicos, nace una esperanza.
Los días de esclavitud terminan, pero debo encontrar las palabras correctas, sabias y coherentes para decir adiós, esto es un nunca jamás.
La historia, mi propia historia continua mientras viva, mientras sueñe.
La violencia, la crueldad y la insensatez de unos pocos destruye, hiere, mata.
Y aunque durante dos años mi precio se fijó en dólares y mi vida y mi libertad no significaron nada, perdono de corazón y elevo cada noche una plegaria al cielo por los miles de hombres y mujeres que aún permanecen lejos de su hogar.
Soy libre.
Un radiante sol ilumina mi vida y de noche sus rayos aún queman mis mejillas.
Nota: Según datos del gobierno colombiano encontrados en Internet en 1999, 3334 personas fueron privadas de su libertad. Sucesivamente en el 2000, 3706; en el 2001, 3041; y en el 2002, 2986. Esto, sólo por citar una pequeña muestra de los tantos y desgarradores datos que se encuentran en la red.
Foto: Og

A menudo nos tropezamos en el camino con personas –muchas veces fugazmente– que aparecen en nuestras vidas sólo para dejarnos un mensaje. Seres que con palabras cargadas de sabiduría y sencillez nos permiten comprender nuestras fallas o nos confrontan con la búsqueda y realización de nuestros sueños y la obtención de la felicidad.




