Después de un largo viaje cómo deseo regresar.Foto: Og
Creo, firmemente creo en el Padre-Madre. Creo en los seres que se entregan a sus hermanos sin esperar nada a cambio. Creo en las palabras que fluyen espontáneamente y piden ser escritas. Creo en lo que veo y siento, pero también en lo mágico e incierto.

A menudo nos tropezamos en el camino con personas –muchas veces fugazmente– que aparecen en nuestras vidas sólo para dejarnos un mensaje. Seres que con palabras cargadas de sabiduría y sencillez nos permiten comprender nuestras fallas o nos confrontan con la búsqueda y realización de nuestros sueños y la obtención de la felicidad.
A bordo de los buses urbanos somos partícipes con frecuencia de toda clase de ventas ambulantes, espectáculos o historias de vida; así, un día cualquiera se subió un hombre con rostro nostálgico y apariencia debilitada por los sinsabores de la vida a ofrecer poemas de su autoría escritos en pequeños trozos de papel.
En Colombia, miles de hombres y mujeres deambulan por el asfalto de nuestra indiferencia y temor, alimentan su cuerpo con sobras o comida escarbada en las bolsas de la basura, se abrigan con cartones y periódicos y poseen como techo el oscuro cielo de cada noche. Almas que piden amor, una palabra amable, una sonrisa o una oración.
Es mi ambición en esta etapa existencial esbozar palabras y garabatear sílabas que ayuden a comprender a los demás seres de la creación que el hombre que escribe en este blog, simplemente es un ser humano –como cualquiera– que busca intensamente a Dios en su interior y en todo lo que le rodea para transmitírselo a los demás con palabras, hechos y debilidades.
Hoy día, contemplamos un desequilibrio social en donde prevalecen los intereses personales de unos pocos, que gracias al poder que ostentan en el gobierno o a su posición social y económica, gozan de privilegios que los menos favorecidos no poseen.
Con todo este cuento del Tratado de Libre Comercio y las nuevas tendencias económicas, escuchamos y leemos en los medios –con cierta frecuencia– informes y artículos relacionados con la globalización, las teorías neoliberales y el acelerado avance de la tecnología, la informática y las comunicaciones, entre otros. Ante esta avalancha de nueva terminología me atrevo a incluir en esta reflexión las expresiones: “la globalización de los buenos sentimientos” o “la globalización del amor” como pilares de una solidaridad verdadera, basada en el vínculo divino con el que sufre y nuestro entorno en general.